jueves, 12 de abril de 2018

La Maestría del Amor- Capítulo 3 El hombre que no creía en el amor

Esta es la historia de un hombre que no creía en el amor. Él estaba convencido de que el amor no existía. Había acumulado mucha experiencia en su intento de encontrar el amor, por supuesto, y observado a la gente que tenía a su alrededor. Se había pasado buena parte de su vida intentando encontrar el amor y había acabado por descubrir que el amor no existía.

Solía explicarle a la gente que el amor era una invención de los poetas, una invención de las religiones que intentaban manipular la débil mente de los seres humanos para controlarlos y convertirlos en creyentes. que donde fuera que buscarán nunca encontraría el amor.

Este hombre tenía una gran inteligencia y resultaba muy convincente. Había leído muchos libros, estudiado en las mejores universidades y se había convertido en un erudito respetado. Era capaz, en cualquier parte y ante cualquier audiencia, de defender con contundencia su razonamiento. Él preguntaba:  ¿Dónde está el respeto? ¿Dónde está el amor que aseguran tenerse? No hay amor. 

Las parejas jóvenes se hacen un sinfín de promesas mutuas delante del representante de Dios, de sus familias y de sus amigos: vivir juntos para siempre, amarse y respetarse, estar junto al otro en lo bueno y en lo malo. Prometen amarse y honrarse y mucho más. Pero, una vez casados -pasada una semana, un mes o unos cuantos meses-, ya se puede ver que no mantienen ninguna de esas promesas.

Solo puedo decir que el amor es una guerra por el poder. y se base en la sobrevivencia. Cuando llegan a una estabilidad , solo significa que uno de ellos se rindió ante el otro; en un momento determinado ella renunció y decidió soportar el sufrimiento. El que tenía mayor empeño y menor necesidad de los dos ganó la guerra, pero ¿dónde está la llama que denominan amor? Se tratan el uno al otro como si fuesen una posesión: «Ella es mía». «Él es mío.» 

Sin embargo, un día, este hombre salió a dar un paseo por un parque, donde se encontró, sentada en un banco, a una hermosa mujer que estaba llorando y sintió curiosidad, se sentó a su lado y le preguntó si podía ayudarla. También le preguntó por qué lloraba. Puedes imaginar su sorpresa cuando ella le respondió que estaba llorando porque el amor no existía. Él dijo: «Esto es increíble: ¡una mujer que cree que el amor no existe!». Por supuesto, quiso saber más cosas de ella.

Bueno, es una larga historia -replicó ella-. Me casé cuando era muy joven, estaba muy enamorada, llena de ilusiones y tenía la esperanza de compartir mi vida con el que se convirtió en mi marido. Nos juramos fidelidad, respeto y honrarnos el uno al otro, y así creamos una familia. 

Pero, pronto, todo empezó a cambiar. Yo me convertí en la típica mujer consagrada al cuidado de los hijos y de la casa. Mi marido continuó progresando en su profesión y su éxito e imagen fuera del hogar se volvió para él en algo más importante que su propia familia. Me perdió el respeto y yo se lo perdí a él. Nos heríamos el uno al otro, y en un momento determinado, descubrí que no le quería y que él tampoco me quería a mí. »Pero los niños necesitaban un padre y esa fue la excusa que utilicé para continuar manteniendo la relación y apoyarle en todo. Ahora los niños han crecido y se han independizado. 

Ya no tengo ninguna excusa para seguir junto a él. Entre nosotros no hay respeto ni amabilidad. Sé que, aunque encontrase a otra persona, sería lo mismo, porque el amor no existe. No tiene sentido buscar algo que no existe. Esa es la razón por la que estoy llorando. 

-Tiene razón, el amor no existe. Buscamos el amor, abrimos nuestro corazón, nos volvemos vulnerables y lo único que encontramos es egoísmo. Y, aunque creamos que no nos dolerá, nos duele. No importa cuántas relaciones iniciemos; siempre ocurre lo mismo. Entonces ¿para qué seguir buscando el amor? Se parecían tanto que pronto trabaron una gran amistad, la mejor que habían tenido jamás. Era una relación maravillosa. Se respetaban mutuamente y nunca se humillaban el uno al otro. Cada paso que daban juntos les llenaba de felicidad. Entre ellos no había ni envidia ni celos, no se controlaban el uno al otro y tampoco se sentían poseedores el uno del otro. La relación continuó creciendo más y más. Les encantaba estar juntos porque, en esos momentos, se divertían mucho. Además, siempre que estaban separados se echaban de menos. 

Un día él, durante un viaje que lo había llevado fuera de la ciudad, tuvo una idea verdaderamente extraña. Pensó: «Mmm, tal vez lo que siento por ella es amor. Pero esto resulta muy distinto de todo lo que he sentido anteriormente. No es lo que los poetas dicen que es, no es lo que la religión dice que es, porque yo no soy responsable de ella. No tomo nada de ella; no siento la necesidad de que ella cuide de mí; no necesito echarle la culpa de mis problemas ni echarle encima mis desdichas. Juntos es cuando mejor lo pasamos; disfrutamos el uno del otro. Respeto su forma de pensar, sus sentimientos. Ella no hace que me sienta avergonzado; no me molesta en absoluto. No me siento celoso cuando está con otras personas; no siento envidia de sus éxitos. Tal vez el amor sí existe, pero no es lo que todo el mundo piensa que es».

Tras compartirlo con ella, ella le dijo:«Sé exactamente lo que me quieres decir. Hace tiempo que vengo pensando lo mismo, pero no quise compartirlo contigo porque sé que no crees en el amor. Quizás el amor sí que existe, pero no es lo que creíamos que era». Decidieron convertirse en amantes y vivir juntos, e increíblemente, las cosas no cambiaron entre ellos. Continuaron respetándose el uno al otro, apoyándose, y el amor siguió creciendo cada vez más. Eran tan felices que incluso las cosas más sencillas les provocaban un canto de amor en su corazón.

El amor que sentía él llenaba de tal modo su corazón que, una noche, le ocurrió un gran milagro. Estaba mirando las estrellas y descubrió, entre ellas, la más bella de todas; su amor era tan grande que la estrella empezó a descender del cielo, y al cabo de poco tiempo, la tuvo en sus manos. Después sucedió otro milagro, y entonces, su alma se fundió con aquella estrella. Se sintió tan inmensamente feliz que apenas fue capaz de esperar para correr hacia la mujer y depositarle la estrella en sus manos, como una prueba del amor que sentía por ella. 

Pero en el mismo momento en el que le puso la estrella en sus manos, ella sintió una duda: pensó que ese amor resultaba arrollador, y en ese instante, la estrella se le cayó de las manos y se rompió en un millón de pequeños fragmentos. 

Ahora, un hombre viejo anda por el mundo jurando que no existe el amor, y una hermosa mujer mayor espera a un hombre en su hogar, derramando lágrimas por un paraíso que una vez tuvo en sus manos pero que, por un momento de duda, perdió. Esta es la historia del hombre que no creía en el amor. ¿Quién de los dos cometió el error? ¿Sabes qué es lo que no funcionó? 

El que cometió el error fue él al pensar que podía darle su felicidad a la mujer. La estrella era su felicidad y su error fue poner su felicidad en las manos de ella. La felicidad nunca proviene del exterior. Él era feliz por el amor que emanaba de su interior; ella era feliz por el amor que emanaba de sí misma. Pero, tan pronto como él la hizo responsable de su felicidad, ella rompió la estrella porque no podía responsabilizarse de la felicidad de él. 

No importa cuánto amase la mujer al hombre, nunca hubiera podido hacerle feliz porque nunca hubiese podido saber qué es lo que él quería. Nunca hubiera podido conocer cuáles eran sus expectativas porque no podía conocer sus sueños.

Si tomas tu felicidad y la pones en manos de alguien, más tarde o más temprano, la romperá. Si le das tu felicidad a otra persona, siempre podrá llevársela con ella. Y como la felicidad sólo puede provenir de tu interior y es resultado de tu amor, sólo tú eres responsable de tu propia felicidad. Jamás podemos responsabilizar a otra persona de nuestra propia felicidad, aunque cuando acudimos a la iglesia para casarnos, lo primero que hacemos es intercambiar los anillos. Colocamos la estrella en manos de la otra persona con la esperanza de que nos haga felices y de que nosotros la haremos feliz a ella. No importa cuánto ames a alguien, nunca serás lo que esa persona quiere que seas. 


jueves, 9 de noviembre de 2017

La Maestría del Amor- Capítulo 2 La pérdida de la inocencia

Los humanos somos, por naturaleza, seres muy sensibles. Pero si tenemos una sensibilidad tan elevada es porque percibimos todas las cosas a través del cuerpo emocional. Este cuerpo emocional es como un aparato de radio que se puede sintonizar para percibir determinadas frecuencias o bien para reaccionar frente a otras. siendo el amor nuestra sintonía natural antes de la domesticación.

El cuerpo emocional percibe las emociones a través del cuerpo emocional. Los niños sencillamente sienten emociones pero su mente racional no las interpreta ni las cuestiona. Esta es la razón por la que aceptan a determinadas personas y rechazan a otras. Los niños perciben fácilmente cuando alguien está enfadado, ya que su sistema de alarma les provoca un pequeño miedo que les dice: No te acerques, y siguiendo su instinto, no lo hacen.

La energía emocional que impregne nuestro hogar sintonizará nuestro cuerpo emocional con esa frecuencia. El cuerpo emocional empieza a cambiar su sintonización y llega un momento que deja de ser la sintonización normal del ser humano. Jugamos al juego de los adultos, jugamos al juego del Sueño externo y perdemos. Perdemos nuestra inocencia, perdemos nuestra libertad, perdemos nuestra felicidad y nuestra tendencia a amar.

Si observas a los niños podrás ver cómo se destruye el amor verdadero y la libertad cuando chocan con el mundo adulto, frenando así la expresión natural del amor por evadir el dolor y buscar el reconocimiento y los premios. En ese sistema de premios y castigos existe un sentido de la justicia y de la injusticia, de lo que es legítimo y de lo que no lo es. El sentido de la injusticia es como un cuchillo que abre una herida emocional en la mente. Después, según cómo reaccionemos ante la injusticia, la herida puede infectarse con veneno emocional.  Con cada miedo aprendes a defenderte, pero no lo haces de la misma manera que antes de la domesticación, cuando te defendías y seguías jugando.

La herida puede llenarse de veneno emocional por la repetición, el veneno emocional se acumula y la mente empieza a jugar con él. A continuación, el futuro empieza a preocuparnos un poco porque tenemos el recuerdo del veneno y no queremos que vuelva a ocurrir. También tenemos recuerdos de cuando hemos sido aceptados, Queremos esa armonía pero no sabemos de qué modo crearla y eso nos asusta. Y, como estamos en el interior de la burbuja de nuestra propia percepción, nos parece que cualquier cosa que sucede a nuestro alrededor ha sido provocada por nosotros generando culpas y cargas por eventos que no nos corresponden o que no eran nuestra responsabilidad.

Poco a poco perdemos nuestra inocencia; empezamos a sentir resentimiento, y después, ya no perdonamos más. Con el tiempo, estos incidentes e interacciones nos enseñan que no es seguro ser quienes realmente somos. e incluso llegamos a utilizar el miedo para domesticar a otros seres humanos; cada vez que experimentamos una nueva injusticia, nuestro miedo aumenta creando más veneno emocional y cuando estamos llenos de veneno emocional, sentimos la necesidad de liberarlo, y para deshacernos de él, se lo enviamos a otra persona, lo hacemos captando su atención.

Al captar la atención, la energía va de una persona a otra. La atención es algo muy poderoso en lamente del ser humano. De hecho, en todo el mundo las personas van continuamente a la caza de la atención de los demás, y cuando la capturan, crean canales de comunicación. Pero al igual que se transfiere el sueño y el poder, también se transfiere el veneno emocional.

Normalmente, nos liberamos del veneno traspasándoselo a la persona que creemos responsable de la injusticia, pero si esa persona es tan poderosa que no podemos enviárselo, entonces lo lanzamos contra cualquier otra sin importarnos de quien se trate. De este modo, la gente que tiene poder abusa de los que tienen menos, porque necesita deshacerse de su veneno emocional. Esa es la razón por la que los seres humanos andan siempre detrás del poder, porque, cuanto más poderoso se es, más fácil resulta descargar el veneno sobre los que no pueden defenderse.

Lo que sí es importante es cobrar conciencia de que tenemos este problema, ya que cuando lo hacemos así, tenemos la oportunidad de sanar nuestro cuerpo y nuestra mente emocional y de dejar de sufrir. Sin esa conciencia, no es posible hacer nada. Lo único que nos queda es continuar sufriendo las consecuencias de nuestra interacción con otros seres humanos, y no sólo eso, sino también sufrir a causa de la interacción que mantenemos con nuestro propio yo, porque también nos tocamos nuestras propias heridas con el único propósito de castigarnos.

Estamos llenos de veneno porque hemos crecido con una imagen de perfección que no se corresponde a la realidad, que no existe, y sentimos esa injusticia en nuestra mente. Esa imagen de perfección nos dice cómo deberíamos ser a fin de reconocer que somos buenos, a fin de aceptarnos a nosotros mismos. Pero ¿sabes qué? De todas las mentiras que nos creemos de nosotros mismos, esta es la más grande, porque nunca seremos perfectos. Y no hay manera de perdonarnos por no serlo. Aprendemos a negarnos y a rechazarnos a nosotros mismos.

Por eso es que las relaciones que construimos son de manera en que todos pierden de manera equitativa , aunque sea un oxímoron, Te maltrato a ti de la manera que necesitas que te maltraten y tú me maltratas a mí de la manera que yo necesito que me maltraten. La energía atrae un mismo tipo de energía, por supuesto, un mismo tipo de vibración.

La vida te trae exactamente lo que necesitas. En el infierno existe una justicia perfecta. No hay nada a lo que podamos echarle la culpa. Incluso podemos decir que nuestro sufrimiento es un regalo. Basta con que abras los ojos y mires lo que te rodea para limpiar el veneno, sanar tus heridas, aceptarte y salir del infierno. 

miércoles, 1 de noviembre de 2017

La Maestría del Amor- Introducción y Capítulo 1 La mente herida


Este capítulo del libro nos pone en contexto a lo que Miguel Ruiz nos quiere comunicar en este libro dándonos a conocer que los toltecas eran conocidos en todo el sur de México como mujeres y hombres de conocimiento;  fueron científicos y artistas que crearon una sociedad para estudiar y conservar el conocimiento espiritual y las prácticas de sus antepasados.

"Un tolteca es un artista del amor, un artista del espíritu, alguien que, en cada momento, en cada segundo, crea el más bello arte: el arte de soñar. La vida no es más que un sueño, y si somos artistas, crearemos nuestra vida con amor y nuestro sueño se convertirá en una obra maestra de arte." 

En nosotros está en ese caso tomar la elección de ser maestros. Somos maestros porque tenemos el poder de crear y de dirigir nuestra propia vida. y en ese proceso creamos nuestra propia mitología, la cual esté poblada de héroes y villanos, ángeles y demonios, reyes y plebeyos adquiriendo así el dominio sobre la imagen que vamos a utilizar en determinadas circunstancias. Nos convertimos en artistas del fingimiento y de la proyección de nuestra imagen y en maestros de cualquier cosa que creemos ser. Cuando conocemos a otras personas las clasificamos de inmediato según lo que nosotros creemos que son. Y actuamos del mismo modo con todas las personas y cosas que nos rodean.

Cuando un niño tiene un problema con alguien, y se enfada, el enfado hace que el problema desaparezca. Entonces, vuelve a ocurrir, y vuelve a reaccionar con enfado porque si se enfada, el problema desaparecerá y practica hasta llegar a convertirse en un maestro del enfado, esto ocurre de igual manera con los celos, tristeza, auto-rechazo y cualquier emoción o sentimiento que nos enajene de la circunstancia que estamos atravesando.

Toda nuestra desdicha y nuestro sufrimiento tienen su origen en la práctica. Establecemos un acuerdo con nosotros mismos y lo practicamos hasta que llega a convertirse en una maestría completa,  convirtiéndose en algo tan rutinario que dejamos de prestar atención a lo que hacemos, lo automatizamos.

Debemos ser conscientes que la mente humana padece una enfermedad que se llama miedo, y esto ocurre porque nuestro cuerpo emocional está lleno de heridas, de heridas infectadas por el veneno emocional. Los seres humanos vivimos con el miedo continuo a ser heridos y esto da origen a grandes conflictos dondequiera que vayamos.

La enfermedad del miedo se manifiesta a través del enfado, del odio, de la tristeza, de la envidia y de la hipocresía, y el resultado de esta enfermedad son todas las emociones que provocan el sufrimiento del ser humano y cuando es extremo aparecen esas enfermedades mentales, aparecen cuando la mente racional está tan asustada y las heridas duelen tanto, que es preferible romper el contacto con el mundo exterior.

Debido al miedo que los seres humanos tenemos a ser heridos y a fin de proteger nuestras heridas emocionales, creamos algo muy sofisticado en nuestra mente: un gran sistema de negación. En ese sistema de negación nos convertimos en unos perfectos mentirosos. Mentimos tan bien, que nos mentimos a nosotros mismos e incluso nos creemos nuestras propias mentiras.

El sistema de negación nos permite aparentar que toda la gente se cree lo que queremos que crean de nosotros. Y aunque colocamos estas barreras para protegernos y mantener alejada a la gente, también nos mantienen encerrados y restringen nuestra libertad. y esto lo aprendemos, porque una vez captada la atención de los niños, les enseñamos un lenguaje, les enseñamos a leer, a comportarse y a soñar de un modo determinado. Domesticamos a los seres humanos de la misma manera que domesticamos a un perro o a cualquier otro animal: con castigos y premios. 

Esto es perfectamente normal. Lo que llamamos educación no es otra cosa que la domesticación del ser humano. Al principio tenemos miedo de que nos castiguen, pero más tarde también tenemos miedo de no recibir la recompensa, de no ser lo bastante buenos para mamá o papá o un hermano o un profesor. De este modo es como nace la necesidad de ser aceptado. El miedo a no conseguir la recompensa se convierte en el miedo a ser rechazado. Y el miedo a no ser lo bastante buenos para otra persona es lo que hace que intentemos cambiar, lo que nos hace crear una imagen. Imagen que intentamos proyectar según lo que quieren que seamos, sólo para ser aceptados, sólo para recibir el premio.

Pero para convertirnos en maestros del amor tenemos que practicar el amor. El arte de las relaciones también es una maestría completa y el único modo de alcanzarla es mediante la práctica y la acción, no hay otra manera. Somos en realidad puro amor; somos Vida. Y lo que somos en realidad no tiene nada que ver con el sueño, pero el acuerdo social al que llamamos realidad nos impide verlo. 

Cuando contemplas el sueño desde esta perspectiva, y cobras conciencia de lo que eres, comprendes cuán absurdo resulta el comportamiento de los seres humanos, y entonces, se convierte en algo divertido. Lo que para todos los demás parece un gran drama para ti es una comedia. Ves de qué modo los seres humanos sufren por algo que carece de importancia, algo que ni siquiera es real. Pero no tenemos otra opción. Nacemos en esta sociedad, crecemos en esta sociedad y aprendemos a ser como todos los demás, actuando y compitiendo continuamente de un modo absurdo.


miércoles, 18 de octubre de 2017

La ansiedad y las conversaciones que trae y las que podemos crear

En ocasiones en esos momentos de verdad que afrontamos en nuestra vida, nuestra historia nos hace una mala pasada al traer malos pensamientos, ¿Qué pasaría si esto ocurre?, ¿o si esto otro ocurre? y empezamos en una espiral de pensamientos negativos que hace que nos preparemos para una  batalla campal que solo ha ocurrido en nuestra cabeza.

Estos pensamientos que denominamos como negativos parten del supuesto que nuestra historia ha de repetirse tal cual y como la habíamos experimentado en este momento que nos atormenta y nos persigue porque no hemos podido perdonarnos. estos pensamientos limitantes se mezclan con las sensación de impotencia porque pensamos que nuestras capacidades o las condiciones que generaron esa circunstancia son las mismas, estamos en una prisión mental que nos hace caer en una profecía auto-cumplida. 

Estamos en un prejuicio puesto que las condiciones que crearon ese evento han cambiado, nosotros no somos los mismos si estamos dispuestos a aprender de nuestra elección que no ha sido ganadora, si estamos dispuestos a aceptar nuestra historia y crear un agradecimiento frente a ese evento doloroso para poder soltarlo para poder dar gracias por esos eventos, pues es gracias a ellos que forjamos nuestro carácter y perfilamos nuestro ser a lo que somos hoy en día, para poder pararnos en coherencia y poder decir con total certeza que nos amamos de verdad.

Justo en ese momento que nos acordamos de nuestra visión y nuestra esencia podemos discernir que esos miedos son injustificados y que simplemente al abrazar el evento soltando nuestras expectativas nuestra carga se hace más ligera y por ende más fácil de sobrellevar. Recordamos nuestra historia y como hemos podido volver obstáculos en triunfos y nuestro corazón se llena nuevamente de confianza de amor y de libertad, y en ese momento las puertas de la abundancia de nuestro propio ser se abren a nuestro servicio. 

Decidimos entonces quienes requerimos ser para hacerle frente al reto y con una sonrisa en el rostro, sin importar lo que suceda nos arrojamos a lo desconocido. soltando nuestras preocupaciones para abrirle campo al riesgo de vivir una vida que realmente nos merecemos. No importa que suceda, porque cuando lo logro celebro y cuando no, elijo aprender. A fin de cuentas todo lo que necesitas está dentro de ti.





miércoles, 23 de agosto de 2017

Cuando el Jefe dice "No tengo tiempo"

Posiblemente esto es tu diario vivir, las rutinas laborales en ocasiones demuestran que las horas no son suficientes.

Llegas un día a tu oficina, todo está organizado y limpio, sabes de antemano lo que tienes que hacer y por cuestiones empresariales, te llega una solicitud nueva, sin planear y sabes que al ejecutarla tienes que tomar una decisión, pero no tan practica… hablar con tu Jefe.

Tu cabeza comienza a frustrarse inmediatamente, no más con simular la situación sabes el resultado, tomas tus papeles y con algo de risa imprimes el correo electrónico que evidencia que necesitas de la experiencia, experticia y nivel de decisión de tu Jefe; al fondo ya lo escuchas hablar por teléfono, otras personas haciendo fila para hablar con él y tu cabeza solo dice “¿Cuánto tiempo me tomara esto?”, ves a tus compañeros rascarse la cabeza, sonríes solo con ver los gestos de ellos.

Van quince minutos y mientras estabas esperando en la fila ya se coordinó la fiesta del fin de semana y uno que otro chiste se ha contado para mitigar el momento aburrido de espera, llega tu turno y estás viendo a tu Jefe algo preocupado, ni son las nueve de la mañana pero ese ser con alta responsabilidad se ve como si hubiera estado haciendo una cirugía de corazón abierto por diez horas, le comentas lo que dice el correo y tu Jefe te da la solución, sales de la oficina algo cansado pero satisfecho y pensando que de igual forma tienes que cerrar varios pendientes que tienes en el día.

Mientras estas trabajando, llega otro compañero de la oficina y comenta que se metió en un gran problema por tomar una decisión sin consultarla con tu Jefe, ya que este le decía que “No tengo tiempo”, tú lo miras a la cara y le preguntas “¿Cuántas veces lo intentaste?”, tu compañero responde – “Jamás lo intento, nunca tiene tiempo”.

Reflexionemos sobre lo anterior, ¿Cuántas veces te ha pasado? Si tu trabajo requiere de cierto nivel de apoyo de tu Jefe, ten en cuenta de comunicarle lo que vas a hacer, es preferible mantener la calma y no tomas decisiones a la ligera y manteniendo la excusa del tiempo, tanto el tuyo como el de tu Jefe, así que cuida tu espalda y la de tu Jefe.

Y si eres Líder de área, empresa o proceso, cuantas veces nos tenemos que exponer a poner en riesgo nuestros procesos solo porque existen falencias en tener un orden, un plan de trabajo, por más que tengamos responsabilidades y tareas rutinarias que nos exigen el 100% de la jornada laboral, ten en cuenta estos cuatro aspectos:


-        Todos tus trabajadores, quienes apoyan el cumplimiento de tu empresa o proceso a cargo, requerirán de tus habilidades en cualquier momento, así que mantén escucha abierta y activa.

-        Entiende como está generándose el contexto, si poco a poco se te está saliendo de las manos, es porque no hay claridad del desarrollo y crecimiento de tu negocio o proceso, permite una intervención de estudios de cargas laborales.

-        Puedes definir niveles de decisión, no todo puedes controlarlo y permita solo hacer un seguimiento, así que comienza a empoderar a tu equipo.

-        Maneja rutinas de comunicación con tu equipo, puedes en cinco minutos generar espacios dinámicos de resolución de pendientes, piensa que esos cinco minutos lo encontraras al inicio o finalizar la jornada o escalar el nivel de comunicación a alguien que tengas mas cercano.
 


Y por último, el liderazgo que estas ejecutando debe ser responsable, has llegado allí con esfuerzo, seguramente es lo que querías, así que toma el mando y organiza tu mente frente a tus responsabilidades, así evitaras problemas y que los trabajadores dejen de verte como parte del equipo y curiosamente en el rol más importante.

jueves, 10 de agosto de 2017

Cómo crear hábitos desde una intención clara

Muchas veces en la vida las personas nos proponemos realizar cambios en nuestras vidas sin tener realmente claro el propósito personal que queremos obtener o cómo nos visualizamos al haber realizado esas modificaciones de comportamiento. Muchas veces nos dejamos llevar por lo que otros dicen o por los argumentos que ellos esgrimen con relación a porqué hacer una cosa u otra, siendo que el problema no es escuchar argumentos o sugerencias, el problema es que no nos damos a la tarea de encontrar cual es el valor que tiene para nosotros mismos el realizar este cambio.

El propósito personal, ese valor que encontramos en ese cambio a realizar es fundamental para generar esa determinación que muchas veces nos cuesta y que está directamente ligado con nuestros resultados, la anhelada persistencia.

Muchas veces nosotros nos empujamos a esquemas que no son de nuestro agrado o a situaciones en donde la percepción de los precios a pagar son altamente grandes en comparación al valor atribuido al haber realizado el cambio y en este tipo de situaciones nos damos cuenta el cambio no es generado internamente sino que es presionado por circunstancias haciendo que el mismo no sea sostenible en el mediano ni largo plazo.

De manera que para no caer en los típicos anhelos de año nuevo que no se cumplen es importante identificar varias cosas. La primera de ellas es que sucede en el momento que logre esa meta, cómo me visualizo, cómo me siento, qué es diferente en mí con respecto a mí mismo y frente al mundo. Tenemos que tener claro que lo importante de una meta no es la meta en sí, sino qué hace de nosotros al lograrla, cómo impacta nuestra vida en términos de satisfacción personal, beneficios para mí y los míos e incluso, porqué no al mundo entero.

El segundo elemento clave es identificar cuáles son los posibles caminos que podríamos tomar, que harían en un comienzo más sencillo o efectivo, según sea nuestro enfoque. En ocasiones necesitamos crear las condiciones para llegar a esa meta y debemos empezar moviendo piedras para después terminar moviendo rocas, o simplemente dejar de creer nuestras propias excusas y lanzarnos por nuestro objetivo. Siendo así  lo fundamental en este camino alinearlo con algo que nos apasione, que nos guste y que amemos hacer, puesto que todo cambio implica esfuerzos y no todos los días vamos a tener un buen ánimo o una buena voluntad para realizar algo que nos saca de nuestra zona cómoda y es por eso que al anclarlo a una pasión hacemos que la meta nos atraiga en vez de nosotros empujarnos hacia ella.

El tercer elemento es estar abierto a ver los resultados para aprender, re-enfocar y reconocer los resultados favorables y no favorables. Dado que la única manera que podemos generar experticia es por medio de la acción, por lo tanto es vital aprender de cada decisión emprendida, que nos acerca o aleja del objetivo, así como cosas que nos disfrutamos y otras que no tanto en el camino a ese gran resultado que esperamos.

A partir de ser humildes y  al escuchar o a otros,  logramos  interiorizar las experiencias para volver a lanzarnos con más ganas, a fin de cuentas un resultado no nos define pero es un insumo valioso para el día siguiente. De esa forma encontramos una actitud orientada al éxito, y entonces nuestro deber es perpetuarla en los altos y bajos, en el éxito y en lo que otros llamarían fallo, simplemente sigamos, aprendamos y nutrámonos para seguir adelante.


Día tras día recordemos para qué lo hacemos, seamos inteligentes y permitámonos que la sabiduría nos guíe en cuál es nuestro camino para lograrlo, al cabo de un tiempo nos daremos cuenta que aquello que pensábamos tan lejano es algo cotidiano para nosotros ahora.



martes, 1 de agosto de 2017

LO QUE HAY QUE HACER CON EL MIEDO

No cabe la menor duda que el miedo genera un comportamiento diferente con el que actúas normalmente, la frase “El miedo paraliza” es solo una demostración de que existen personas que, frente a cualquier situación, quedan inmersos en sus pensamientos, unos no piensan y están esperando ser presa fácil de su miedo, pero en cambio, otras personas, que frente al miedo actúan, desarrollan su estimulo de supervivencia y es donde quiero llegar.

Posiblemente estés en ese grupo de personas que frente a cualquier adversidad te quedas quieto, quiero comentarte que puedes lograr enfrentar tu miedo con acción, ya que no es recomendable quedarse estático en cualquier situación no deseada. 

Por cuestiones de juicio, responde las siguientes preguntas:

¿Esperas mucho de la gente?

¿Quieres que las cosas salgan perfectas?

¿Quieres tener el control de todo?

¿Visualizas un entorno perfecto?

¿Crees fielmente en que tu futuro está controlado?

Si respondiste a todos los anteriores con un “SI”, estas en una alta probabilidad de que te quedes quieto cuando tienes miedo.

Entonces, como manejar acción durante el miedo, puedes entrenar tu mente, reta a tu instinto, cuando estés de noche en un lugar que no conozcas, ten precaución, pero no tengas miedo, confía en tu valor.

Si te ascienden a un nuevo trabajo y consideras que los demás esperan de ti, toma el camino fácil, pregunta a tus compañeros y a tus jefes que esperan de ti, que resultados inmediatos quieres, que esperan de ti a largo plazo.

Si estas en un momento de tu vida, como el nacimiento de un hijo, se consciente de que es un reto, el miedo a no saber qué vas a hacer, como lo vas a criar, si será feliz (créeme que hasta tus padres también sintieron eso al ver tu primera sonrisa al nacer y confía, estás leyendo esto ¿cierto?).

La importancia de tener miedo es la certeza de que estas fortaleciendo tu confianza, ya que al momento de sentirlo, buscas acciones para enfrentarlo o evitarlo.
Date el permiso de retarte, enfréntalo, genera planes con muchos escenarios para vencerlo, te dejo claro algo, no esperes que alguno de los escenarios se hagan realidad, porque la vida te dará mas elementos para manejar (creo que todos lo llamamos Ley de Murphy) y tan solo queda algo... rediseñarte.  Así que, si el miedo llega, solo sabes que al enfrentarlo te permite generar confianza, solo diviértete pensando escenarios y disfruta del resultado, tienes ese gran poder también: el rediseño.

Recuerda… el resultado de lo que vives desde tu miedo genera en ti habilidades para rediseñarte y generar confianza.

Y ahora, vuelve a hacerte las preguntas de esta entrada.